El tiempo ha transcurrido, aunque no parezca. Ayer, miércoles 16 de noviembre de 2011, se han cumplido nada mas ni nada menos que ocho años del primer partido de Lionel Messi con el Barcelona.
Fue en el año 2003, en Portugal, país en el que el equipo que por entonces dirigía Frank Rijkaard se enfrentó al Porto que conducía José Mourinho y que meses después ganaría la Uefa Champions League en el marco de un encuentro que se realizó para inaugurar el estadio Do Dragao, construido especialmente para acoger la Eurocopa 2004.
“Estoy muy contento de poder viajar con el primer equipo; cuando me dijeron que tenía que ir, no me lo creía. Me puse muy contento. No me esperaba que a los 16 años me llamasen… Sólo viajar es muy bueno, pero si pudiese tener unos minutos, mucho mejor”.
Las palabras esbozadas por Messi en dialogo con los periodistas López e Ignasi Sagnier, del diario catalán Sport, parecieron sonar a premonición. Con 16 años, 145 días y el dorsal numero 14 en su espalda, Leo sustituyó a Fernando Navarro cuando solo quedaba un cuarto de hora para la finalización del cotejo y se las arregló para dejar un par de detalles que ya daban muestras de su extraordinario talento.
El Barcelona perdió 2-0, pero poco importó. Todos se fueron contentos por Messi, ese tímido e introvertido jovencito que maravillaba jugando para el Juvenil A y que durante esa misma temporada llevaba marcados 12 goles en 10 encuentros. Había comenzado a forjarse la leyenda del que con los años se transformaría en el mejor futbolista del mundo y tal vez de la historia.
Vídeo: Gentileza Barça TV








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